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martes, 7 de julio de 2009

EL RIESGO CARDIOVASCULAR EN LOS ESPECTADORES

Dejo un artículo que he leído en "El Periódico de la Farmacia" que me ha parecido importante para los que amamos el fútbol, una pasión que en ocasiones nos puede acarrear algún que otro susto al corazón, aunque todo depende del equipo del que seamos seguidor.
LOS INVESTIGADORES RECOMIENDAN ADOPTAR MEDIDAS PREVENTIVAS FARMACOLÓGICAS PARA REDUCIR EL RIESGO CARDIOVASCULAR

"Un estudio publicado en la revista New England Journal of Medicine concluye que ver un partido de fútbol estresante aumenta en más del doble el riesgo de sufrir un evento cardiovascular agudo. Así, ante partidos de alta rivalidad que pudieran llevar la emoción del espectador a niveles máximos, podría incrementarse considerablemente el riesgo de cardiopatía aguda, siendo particularmente alto en hombres con enfermedad coronaria previa. Ante esta situación los investigadores recomiendan adoptar una serie de medidas preventivas que incluyen la administración o el aumento en la dosis de beta-bloqueantes, antiinflamatorios, antiagregantes plaquetarios como el ácido acetilsalicílico a dosis bajas, así como inhibidores de los receptores mediadores del estrés, siempre bajo prescripción médica. También se aconseja adoptar técnicas de relajación. La Copa del Mundo de Fútbol que tuvo lugar en Alemania en 2006 ofreció a los autores del trabajo la oportunidad para investigar la relación entre el estrés emocional y la incidencia de eventos cardiovasculares. Para ello se analizaron los pacientes que en ese periodo contactaron con servicios de urgencias, fueron atendidos por un médico y diagnosticados de alguno de los siguientes problemas: dolor torácico prolongado debido a infarto de miocardio, angina inestable, arritmia cardiaca sintomática y paro cardíaco que requirió reanimación cardiopulmonar o el uso de desfibrilador. La incidencia de eventos cardíacos de los residentes en la región de Munich, excluyendo por tanto a visitantes extranjeros o de otras ciudades alemanas, se comparó con los eventos ocurridos en años anteriores durante periodos control similares, obteniendo finalmente un total de 4.279 pacientes asistidos. Los días de los partidos en los que jugaba la selección de fútbol alemana, la incidencia media de emergencias cardíacas fué 2,66 veces mayor que durante el período de control, con un aumento mayor en los hombres que en las mujeres. Los picos de incidencia de eventos cardiovasculares fueron máximos durante las primeras dos horas tras el inicio de cada partido en que jugaba la selección germana. Así pues, parece demostrado que ver un partido de fútbol que provoque estrés en el aficionado puede provocar un infarto de miocardio agudo o una arritmia cardiaca sintomática. No es el resultado final del partido el mayor desencadenante de eventos coronarios, sino la intensidad del mismo y la agitación experimentada por el espectador."
Publicado por Lorenzo Guijarro

martes, 17 de marzo de 2009

Demasiado parecidos para convivir

Por Juan Pablo Varsky Para LA NACION
























Nunca hubo lugar para los dos juntos. El 25 de octubre de 1997, Maradona jugó, sin saberlo, su último partido de fútbol profesional. Nada menos que un superclásico en el Monumental. Diego era un desastre y fue reemplazado en el entretiempo. El cambio fue fundamental. Boca iba perdiendo y terminó ganando 2 a 1 con un cabezazo del platinado Palermo. Recuerdan quién entró por Maradona, ¿no? Juan Román Riquelme. La historia tiene giros y caprichos increíbles. Compartieron un solo juego: Boca 4 - Argentinos 2, por la primera fecha de aquel Apertura 97.
Román empezó a usar la 10 de Boca con Bianchi desde agosto de 1998. Con esa camiseta, jugó tres años y medio en un nivel superlativo, prácticamente sin bajones. Ese, para mí, sigue siendo el mejor Riquelme. El tipo la rompía todos los partidos. Más importante era el desafío, mejor jugaba. Así, hasta diciembre de 2001. Hasta que se fue Bianchi. Ese Riquelme debió haber jugado el Mundial de Corea Japón. Pero Marcelo Bielsa eligió a Verón y como suplente a Aimar.
Mientras Riquelme se consagraba como futbolista, Maradona lo admiraba desde su palco. Román le regaló muchas camisetas y Diego no paró de elogiarlo.
El 10 de noviembre de 2001, volvieron a encontrarse en una cancha. Esta vez en la Bombonera durante el inolvidable tributo a Diego. No compartieron el mismo equipo. ¿Será posible, che? Riquelme estuvo en el de las estrellas, dirigido por Basile, el DT que lo eligió siempre, aun en malos momentos. Maradona en la selección argentina, dirigido por Bielsa, el DT que no eligió a Riquelme durante su mejor versión. Años más tarde en el seleccionado, Basile y Riquelme terminarían unidos en inquebrantable matrimonio futbolero hasta que Coco renunció. Román no lo pudo defender dentro de la cancha en su último partido. ¿Quién era el DT de Chile? Bielsa. ¿Quién ocupó el lugar de Coco? Maradona. Y ese 10-11-2001, Basile, Bielsa, Riquelme y Maradona estaban todos juntos en el mismo lugar y por la misma razón. "Yo me equivoqué y pagué, pero le pelota no se mancha." Diego pronunció esas palabras, enfundado en una camiseta de Boca número 10 que le había regalado Román y con la que había jugado los últimos minutos de su propia fiesta.
Ha sido demasiado fuerte y profundo el vínculo entre Maradona y Riquelme como para que se agote en este presente lleno de ego, vanidad y cobardía. Ninguno de los dos honró esta historia compartida que merecía llamadas telefónicas, mensajes personales, diálogos cara a cara?
Entre 2002 y 2004, ninguno de los dos la pasó bien. Riquelme bajó su rendimiento y tuvo problemas con todos sus entrenadores: Tabárez en Boca, Van Gaal y Antic en Barcelona, Benito Floro en Villarreal. Bielsa siguió en la selección así que no había lugar para él. Maradona estaba aún peor. El 18 de abril de 2004 fue internado en la clínica Suizo Argentina. Estuvo muy cerca de morir. Todos recordamos aquellos días de angustia, liturgia y rezos frente al sanatorio. Tras tres meses de internación en una clínica psiquiátrica, dio reportajes en los que pedía trabajar y admitía no tener dinero para vivir. Una noche estuvo en Mar de Fondo con Alejandro Fantino: "Riquelme no es lento. Es rápido de la cabeza, que es lo más importante. Le tienen que poner jugadores que entiendan su velocidad mental".
En 2005 salió el sol para los dos. Diego volvió a gambetear al cementerio y Román volvió a gambetear jugadores. También en la selección. Con Pekerman en lugar de Bielsa, ya era el capo del equipo. Maradona se recuperó milagrosamente y condujo un programa de TV: La Noche del Diez . Ahí se juntaron otra vez y Diego le llevó al Topo Gigio de regalo.
Llegó el Mundial 2006. Uno en el palco, el otro en la cancha. Pero ninguno de los dos estaba en su lugar cuando Alemania nos sacó en los penales. Diego no había podido entrar en el estadio y a Román lo habían sacado en el segundo tiempo. "No fue un mal Mundial de Riquelme. Pero si estaba en su mejor nivel, éramos campeones. Jugó sin cambio de ritmo, igual que en Villarreal. El único argentino que no tiene techo es Messi", dijo Maradona por aquellos días. Premonitorio.
Luego Riquelme renunció a la selección porque su mamá sufría las críticas de la prensa. "Decirle no a la selección es difícil, pero Riquelme merece respeto", respaldó Maradona.
Hambriento de revancha, el mejor Román regresó en el primer semestre de 2007. Sin selección y sin club, se aferró al préstamo de Boca como la gran oportunidad para demostrar que aún era uno de los mejores. Así lo hizo. Ganó la Copa Libertadores y, solito, se puso en la selección. Hasta se dio el gusto de embocar al Chile de Bielsa con dos clínicos tiros libres. En diciembre de ese 2007, logró que Boca le comprara el pase en 12.000.000 de euros. Se le fue el hambre. Sabía que jugaría donde quisiera y cuando quisiera. Ischia y Basile le consentían absolutamente todo. No es casualidad que casi todos sus enfrentamientos con compañeros, los públicos y los privados, se hayan producido desde aquella Copa América de Venezuela. A partir de ahí, Riquelme se sintió con el poder para hacer lo que se le cantara en Boca y en la selección. Y desde el paraguayo Cáceres hasta Messi, pasando por Gago y Palermo, no lo soportaron más.
En su cumpleaños número 48, Diego fue nominado seleccionador nacional. Días más tarde, Román mandó un mensaje: "Ojalá le vaya bien, esté yo o no esté yo en la selección". Premonitorio.
Me encanta cómo juega Riquelme, pero se ha convertido en un futbolista de apariciones y no de partidos completos. Influye más en el resultado que en el juego. Hoy es la hora de Lionel Messi, otro futbolista de apariciones, pero más frecuentes y más desequilibrantes. Y Román, uno de los jugadores más inteligentes del mundo, podría haberse reinventado como su Iniesta o su Xavi. Lamentablemente, la mala relación personal obliga a elegir a uno de los dos. Y el grupo ya eligió a Messi y a Maradona, que es lo mismo.
Diego se equivocó en la forma y en el lugar. Esas cosas no se dicen por tele. Se dicen cara a cara o por teléfono. Sin dudas, debió haber recorrido otro camino. Sin embargo, Román también utiliza los medios para mandar mensajes. En Telenoche, lo hizo de la misma manera que lo había hecho Diego en TyC Sports.
Hoy los dos están aliviados. Gracias a las palabras de Maradona, Riquelme evitó las críticas por bajo rendimiento y el rechazo de sus compañeros. Gracias a las palabras de Riquelme, Maradona evitó el trance de tener que bajar de la selección a un ídolo que, para la historia de Boca, ha sido más importante que él. Ahora la selección, sin Riquelme, se va a romper el alma pra demostrar que Román no era necesario. Y Riquelme, sin la selección, la va a romper en Boca para demostrar que es imprescindible.
Pero, sin esos códigos que los dos tanto declamaron y no practicaron, dinamitaron una relación que no merecía semejante final.
Argentinos, Boca, Barcelona y Argentina, el mismo camino. Marcos Franchi como representante. Hace quince años estaba con Diego. Desde hace más de diez, está con Román. Hace quince años, Diego elegía a Sergio Gendler de Telenoche (yo estaba ahí) para esos reportajes que todos querían tener. Para mandar esos mensajes que no se anima a expresar mano a mano. Lo mismo hace Riquelme hoy. Con el mismo periodista. Y en el mismo canal.
Y hay más. El conurbano bonaerense de fondo. La infancia pobre y sacrificada. El crack que rescata a la familia numerosa. Uno al Sur en Fiorito, el otro al Norte en Don Torcuato. Hablan en tercera persona cuando están enojados y resentidos. Que Maradona esto, que Riquelme esto. Son Diego y Román cuando están bien. Son Maradona y Riquelme cuando están mal.
A veces demasiado parecidos, a veces demasiado diferentes. Entre tanto exceso, permítanme ser excesivo en el final. Quizás aquel día del Monumental alguien puso un mensaje en una botella. Hoy la estamos destapando. En 1997, sin quererlo, Riquelme retiró a Maradona del fútbol. En 2009, también sin quererlo, Maradona retiró a Riquelme del seleccionado. Lamentablemente, nunca hubo lugar para los dos juntos.
De aquel 1997 a este ruidoso presente Sin quererlo, en 1997, Román Roquelme retiró del fútbol a Diego Maradona. Ahora, 12 años después, también sin quererlo, Maradona retiró a Riquelme del seleccionado argentino...

viernes, 21 de marzo de 2008

Maradona ---------------------------- Jugó, venció, meó, perdió.

Maradona ---------------------------- Jugó, venció, meó, perdió. El análisis delató efedrina y Maradona acabó de mala manera su Mundial del 94. La efedrina, que no se considera droga estimulante en el deporte profesional de los Estados Unidos y de muchos otros países, está prohibida en las competencias internacionales. Hubo estupor y escándalo. Los truenos de la condenación moral dejaron sordo al mundo entero, pero mal que bien se hicieron oír algunas voces de apoyo al ídolo caído. Y no sólo en su dolorida y atónita Argentina, sino en lugares tan lejanos como Bangladesh, donde una manifestación numerosa rugió en las calles repudiando a la FIFA y exigiendo el retorno del expulsado. Al fin y al cabo, juzgarlo era fácil, y era fácil condenarlo, pero no resultaba tan fácil olvidar que Maradona venía cometiendo desde hacía años el pecado dc ser el mejor, el delito de denunciar a viva voz las cosas que el poder manda callar y cl crimen de jugar con la zurda, lo cual, según el Pequeño Larousse Ilustrado, significa «con la izquierda» y también significa «al contrario de como se debe hacer». Diego Armando Maradona nunca había usado estimulantes, en vísperas dc los partidos, para multiplicarse el cuerpo. Es verdad que había estado metido en la cocaína, pero se dopaba en las fiestas tristes, para olvidar o ser olvidado, cuando ya estaba acorralado por la gloria y no podía vivir sin la fama que no lo dejaba vivir. Jugaba mejor que nadie a pesar de la cocaína, y no por ella. Él estaba agobiado por el peso de su propio personaje. Tenía problemas en la columna vertebral, desde el lejano día en que la multitud había gritado su nombre por primera vez. Maradona llevaba una carga llamada Maradona, que le hacía crujir la espalda. El cuerpo como metáfora: le dolían las piernas, no podía dormir sin pastillas. No había demorado en darse cuenta de que era insoportable la responsabilidad de trabajar de dios en los estadios, pero desde el principio supo que era imposible dejar de hacerlo. «Necesito que me necesiten», confesó, cuando ya llevaba muchos años con el halo sobre la cabeza, sometido a la tiranía del rendimiento sobrehumano, empachado de cortisona y analgésicos y ovaciones, acosado por las exigencias de sus devotos y por el odio de sus ofendidos. El placer de derribar ídolos es directamente proporcional a la necesidad de tenerlos. En España, cuando Goicoechea le pegó de atrás y sin la pelota y lo dejó fuera de las canchas por varios meses, no faltaron fanáticos que llevaron en andas al culpable de este homicidio premeditado, y en todo el mundo sobraron gentes dispuestas a celebrar la caída del arrogante sudaca intruso en las cumbres, el nuevo rico ése que se había fugado del hambre y se daba el lujo de la insolencia y la fanfarronería. Después, en Nápoles, Maradona fue santa Maradonna y san Gennaro se convirtió en san Gennarmando. En las calles se vendían imágenes de la divinidad de pantalón corto, iluminada por la corona de la Virgen o envuelta en el manto sagrado del santo que sangra cada seis meses, y también se vendían ataúdes de los clubes del norte de Italia y botellitas con lágrimas de Silvio Berlusconi. Los niños y los perros lucían pelucas de Maradona. Había una pelota bajo el pie de la estatua del Dante y el tritón de la fuente vestía la camiseta azul del club Nápoles. Hacía más de medio siglo que el equipo de la ciudad no ganaba un campeonato, ciudad condenada a las furias del Vesubio y a la derrota eterna en los campos de fútbol, y gracias a Maradona el sur oscuro había logrado, por fin, humillar al norte blanco que lo despreciaba. Copa tras copa, en los estadios italianos y europeos, el club Nápoles vencía, y cada gol era una profanación del orden establecido y una revancha contra la historia. En Milán odiaban al culpable de esta afrenta de los pobres salidos de su lugar, lo llamaban jamón con rulos. Y no sólo en Milán: en el Mundial del 90, la mayoría del público castigaba a Maradona con furiosas silbatinas cada vez que tocaba la pelota, y la derrota argentina ante Alemania fue celebrada como una victoria italiana. Cuando Maradona dijo que quería irse de Nápoles, hubo quienes le echaron por la ventana muñecos de cera atravesados de alfileres. Prisionero de la ciudad que lo adoraba y de la camorra, la mafia dueña de la ciudad, él ya estaba jugando a contracorazón, a contrapié; y entonces, estalló el escándalo de la cocaína. Maradona se convirtió súbitamente en Maracoca, un delincuente que se había hecho pasar por héroe. Más tarde, en Buenos Aires, la televisión trasmitió el segundo ajuste de cuentas: detención en vivo y en directo, como si fuera un partido, para deleite de quienes disfrutaron el espectáculo del rey desnudo que la policía se llevaba preso. «Es un enfermo», dijeron. Dijeron: «Está acabado». El mesías convocado para redimir la maldición histórica de los italianos del sur había sido, también, el vengador de la derrota argentina en la guerra de las Malvinas, mediante un gol tramposo y otro gol fabuloso, que dejó a los ingleses girando como trompos durante algunos años; pero a la hora de la caída, el Pibe de Oro no fue más que un farsante pichicatero y putañero. Maradona había traicionado a los niños y había deshonrado al deporte. Lo dieron por muerto. Pero el cadáver se levantó de un brinco. Cumplida la penitencia de la cocaína, Maradona fue el bombero de la selección argentina, que estaba quemando sus últimas posibilidades de llegar al Mundial 94. Gracias a Maradona, llegó. Y en el Mundial, Maradona estaba siendo otra vez, como en los viejos tiempos, el mejor de todos, cuando estalló el escándalo de la efedrina. La máquina del poder se la tenía jurada. Él le cantaba las cuarenta, eso tiene su precio, cl precio se cobra al contado y sin descuentos. Y el propio Maradona regaló la justificación, por su tendencia suicida a servirse en bandeja en boca de sus muchos enemigos y esa irresponsabilidad infantil que lo empuja a precipitarse en cuanta trampa se abre en su camino. Los mismos periodistas que lo acosan con los micrófonos, lc reprochan su arrogancia y sus rabietas, y lo acusan de hablar demasiado. No les falta razón; pero no es eso lo que no pueden perdonarle: en realidad, no les gusta lo que a veces dice. Este petiso respondón y calentón tiene la costumbre de lanzar golpes hacia arriba. En el 86 y en el 94, en México y en Estados Unidos, denunció a la omnipotente dictadura de la televisión, que estaba obligando a los jugadores a deslomarse al mediodía, achicharrándose al sol, y en mil y una ocasiones más, todo a lo largo de su accidentada carrera, Maradona ha dicho cosas que han sacudido el avispero. Él no ha sido el único jugador desobediente, pero ha sido su voz la que ha dado resonancia universal a las preguntas más insoportables: ¿Por qué no rigen en el fútbol las normas universales del derecho laboral? Si es normal que cualquier artista conozca las utilidades del show que ofrece, ¿por qué los jugadores no pueden conocer las cuentas secretas de la opulenta multinacional del fútbol? Havelange calla, ocupado en otros menesteres, y Joseph Blatter, burócrata de la FIFA que jamás ha pateado una pelota pero anda en limusinas de ocho metros y con chófer negro, se limita a comentar: —El último astro argentino fue Di Stéfano. Cuando Maradona fue, por fin, expulsado del Mundial del 94, las canchas de fútbol perdieron a su rebelde más clamoroso. Y también perdieron a un jugador fantástico. Maradona es incontrolable cuando habla, pero mucho más cuando juega: no hay quien pueda prever las diabluras de este inventor de sorpresas, que jamás se repite y que disfruta desconcertando a las computadoras. No es un jugador veloz, torito corto de piernas, pero lleva la pelota cosida al pie y tiene ojos en todo el cuerpo. Sus artes malabares encienden la cancha. El puede resolver un partido disparando un tiro fulminante de espaldas al arco o sirviendo un pase imposible, a lo lejos, cuando está cercado por miles de piernas enemigas; y no hay quien lo pare cuando se lanza a gambetear rivales. En el frígido fútbol de fin de siglo, que exige ganar y prohibe gozar, este hombre es uno de los pocos que demuestra que la fantasía puede también ser eficaz. --------------------------- del libro "Fútbol, a sol y sombra", de Eduardo Galeano © 1996

lunes, 8 de octubre de 2007

CAPACITACION UNA NECESIDAD INDISPENSABLE PARA CAMBIAR EL FUTBOL INFANTIL DEPARTAMENTAL PROVINCIAL Y NACIONAL. POR. Francisco Garcia

Es archi sabido que con la desaparición de los potreros surge el auge o modalidad, de las llamadas “ESCUELAS DE FUTBOL”.

Siempre dije y defendí a los formadores, orientadores, convocadores de importantes grupos de Gurises, que con el solo echo de hacerlos jugar ya cumplen una función social. Es mas hacerlos jugar significa un beneficio, pero también se me activan las neuronas, cuando aparecen personajes que imponen el nombre de escuela de fútbol y comienzan a “mal enseñar”, porque tanto el chico como el grande aprenden lo “malo” y lo bueno o lo incorrecto o lo correcto. Si de enseñar fútbol hablamos no basta con la experiencia propia ya que muchas cosas quizas estén mal aprendidas, porque no solo hay que saber hacer, sino el porque de lo que se enseño, o sea una explicación, un fundamento basado en bases científicas. En mis 40 años de fútbol he vivido tantas experiencias que me enseñaron a darme cuenta que muchas me las habían enseñado mal, y eso se lo debo al haberme capacitado y de eso se trata, enseñar significa adecuar una metodología, aplicar didácticamente un proceso de enseñanza aprendizaje, por lo tanto es entre dos el que enseña y el que aprende, una relación, un ida y vuelta, una comunicación en ella los dos aprenden, no se trata de dar contenidos sin fundamentos, sin saber si el niño los APREHENDE, dicho pedagógicamente, si los transforma en saberes significativos, o si construye su propio aprendizaje.

El niño es una joya, una caja de de sorpresas, continuamente nos demuestra su inteligencia, no lo subestimemos, por eso debemos saber para enseñar, quizás muchos pensaran ¡quien no sabe de fútbol! Yo con mucho respeto diría muy pocos, porque no solo se trata de saber sino de ser docente con vocación, y para eso se nace y el estudio respalda ese don y la universidad de la calle es la que nos prepara para ver la realidad, en cada chico, hábitat, en cada rincón, en el potrero, en cada barrio, en el club, en el deporte y así sucesivamente…todo es importante y detallarlo es tan amplio. En este mundo en el que se puede escuchar de todo, sepa evaluar, aunque para eso también se debe saber. ¿Saben ustedes que entrenamos niños? en edad lúdica – cronológica, social, mental, fisiológica, que pueden ser diferentes, que son futuros hombres en potencia constituidos por los mismos órganos y funciones vitales que los grandes pero con realidades diferentes. Por eso y muchísimo mas debemos ser responsables y saber lo máximo posible de ellos, porque no podemos desconocer su funcionamiento como ser vivo, porque podemos dejar secuelas en su futura vida deportiva. Que puede hacer un niño de acuerdo a su edad, que no, como, donde, cuando, para, contra, son preposiciones que debemos manejar a la perfección, porque si bien reza un dicho popular lo que Pedrito no aprendio Pedro no aprende mas. Por eso es que debemos enseñar lo adecuado, lo correcto, porque el niño asimila todo especialmente en la edad de oro entre los 10 y los 12 años, es tan importante que usted que colabora, hace jugar, dirige o entrena, sepa y tenga en claro las distintas etapas psicofísicas o características de los niños, y le puedo asegurar que si lo hacia antes con placer, ahora sabiendo lo hará con placer, amor y seguridad…no se arrepentirá. Nunca es tarde para aprender…capacítese.

martes, 2 de octubre de 2007

ADÌOS QUERIDO PAPÀ

Extraido de la revista Arbitrajes. Recop. Marcos Enrique

Lo siento mucho papa, porque creo que esta es la última vez que me podré dirigir a vos. En serio, lo siento mucho. Es tiempo de que sepas la verdad, voy a ser breve y claro: la droga me matò papà. Conocí a mis asesinos a eso de los 15 o 16 años de edad. Es horrible. ¿No es cierto papà? ¿Sabes como fue?

Un ciudadano elegantemente vestido, muy elegantemente y que se expresaba muy bien, nos presento a nuestro futuro asesino: la droga.

Yo intente rechazarla. De veras intente, pero este señor se metió en mi dignidad diciéndome que yo no era hombre. No es necesario que diga nada más. ¿No es cierto?...

Ingrese al mundo de las drogas. No hacia nada sin que las drogas estuvieran presentes. Yo sentía mas que las demás personas y la droga mi amiga sonreía… ¿sabes papà? Cuando uno comienza encuentra todo ridículo y muy divertido. Incluso a Dios lo encontraba ridículo.

Hoy en este hospital, reconozco que Dios es lo más importante del mundo. Se que sin su ayuda no estaría escribiendo lo que escribo.

Papa, no vas a creerlo, pero la vida de un drogadicto es terrible. Uno se siente desgarrado por dentro. Es terrible y todos los jóvenes deben saberlo para no entrar en eso. Ya no puedo dar tres pasos sin cansarme.

Los médicos me dicen que me voy a curar, pero cuando salen del cuarto mueven la cabeza.

Papa solo tengo 19 años y se que no tengo chance de vivir. Es muy tarde para mi, pero tengo un ultimo pedido para hacerte, hablà a todos los jóvenes que conocès y mostrales esta carta. Unite a la gente del Comité Nacional de Patriotas, ellos están peleando la misma batalla para combatir al asesino que es la droga y llevar este mensaje que puede salvar las vidas de muchos jóvenes. Deciles que en cada puerta de los colegios y en cada aula, en cada facultad, y en cualquier lugar hay siempre un hombre elegante que va a mostrarles a su futuro asesino, el que destruirá sus vidas. ¡Por favor, hace eso papa! Antes de que sea demasiado tarde para ellos también.

Perdóname papà ya sufrí demasiado. Perdóname por hacerte sufrir también con mis locuras. Adiós querido papà.

El autor de esta nota falleció a pocos días de escribirla por abuso de drogas.